LaForêt no nació en un despacho…

Hay una razón muy concreta por la que existe LaForêt.

Cada verano volvemos a una cabaña en un bosque de las Landas, en el suroeste de Francia. No es espectacular, no es especialmente lujosa y, sin embargo, allí todo cambia.
El ritmo baja, dormimos mejor, las comidas se alargan, las conversaciones duran más, el cuerpo se relaja, la mente también. Hay calma y, en esa calma, felicidad.
Durante mucho tiempo pensamos que era el entorno, el bosque, las vacaciones. Con los años entendimos que no era solo eso. Era la casa. Cómo estaba pensada. Cómo hacía que vivir dentro fuera sencillo. Natural.

Esa experiencia cambió nuestra manera de mirar los alojamientos turísticos.

LaForêt nace del deseo de que otras personas puedan sentir algo parecido. De preguntarnos qué tiene que ocurrir en un espacio para que alguien llegue… y respire distinto.

Ojalá podamos hacer sentir esto a muchas personas.